La palabra inteligencia es definida en estos días como la facultad de la mente
que permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea
determinada de la realidad. En la historia de la humanidad, las personas que
han podido aprender de su entorno y adaptarse en consecuencia, consiguen
mayores objetivos que quienes no lo hacen. Pero esta adaptación se hace en base
a lo que se entiende como realidad, a saber, la interpretación de nuestro
entorno a través de nuestros sentidos. Es indiscutible que si alguno de
nuestros sentidos presenta deficiencias en su funcionamiento, nuestra
percepción será distinta que la de los demás. Pero, ¿qué pasaría si alguno de
nuestros sentidos se agudizarán, mejorando su capacidad de percepción?, ¿somos,
los seres humanos, quiénes poseemos la mejor percepción de nuestro entorno?,
¿se puede mejorar voluntariamente a través de los avances tecnológicos alguno
de nuestros sentidos y por ende su capacidad de percepción?
Si bien los avances en materia de
tecnología han abierto el debate entre los científicos sobre las futuras
adaptaciones o modificaciones que pueda sufrir el ser humano mejorando todos y
cada uno de sus sentidos, también se ha discutido sobre la posibilidad de que
el ser humano, al padecer cambios radicales en su forma de ver el mundo que
habita, deje de ser lo que en esencia llamamos humanidad. La inteligencia es
por consecuencia el motor del avance evolutivo de la civilización como la
conocemos pero de igual forma abre un abanico de posibilidades, algunas que
pueden perjudicar a la esencia antes mencionada.
Algunos físicos han indagado
sobre la posibilidad de que la vida en el universo sea más común de lo que
muchos pensaríamos. Esto genera un cuestionamiento más profundo al respecto. Si
es que hay vida en otros planetas, ¿por qué razón no hemos sido visitados por
alguna civilización avanzada de otro mundo?, o más simple, ¿por qué no hemos
detectado alguna señal afirmativa sobre su existencia? Una de las posibilidades
que se maneja, es que otras formas de vida en el universo, se encuentran dentro
del mismo tipo de clasificación que el ser humano, según la Escala de Kardashov.
Esta escala se basa en la cantidad de energía utilizable que una civilización tiene
a su disposición. El grado de la clasificación en la que se ubica nuestra
civilización es un punto intermedio entre una civilización de tipo 0
(únicamente tiene a su disposición una fracción de la energía total disponible
de su planeta) y una civilización de tipo 1 (tiene a su disposición la
totalidad de la energía disponible de su planeta). Esto nos dice que muchas
civilizaciones no han encontrado la forma de aprovechar el máximo de sus
recursos disponibles. De igual forma, dicha escala podría ser un paralelo de la
inteligencia colectiva de dicha civilización. Pueden existir muchas civilizaciones
que estén «atrapadas» como la nuestra en sus planetas natales y sólo muy pocas
de ellas tendría el potencial de subir a la siguiente escala.
Según el ritmo de la evolución
intelectual de nuestra civilización, algunos físicos como Michio Kaku,
pronostican que en aproximadamente 100 años, el ser humano podría dar ese
siguiente paso. Pero para lograr esto se debería de librar varios obstáculos,
entre ellos la fragmentación de ideologías y paradigmas que tiene pendiendo de
un hilo el futuro de nuestra civilización. La humanidad presente un potencial
significativo para desarrollar las tecnologías que puedan liberar del aparente
«pozo» que es la Tierra para la exploración interplanetaria, pero de igual
forma tiene, en la actualidad, el potencial para su autodestrucción. Este
podría ser el caso de muchas civilizaciones extraterrestres que no lograron dar
ese paso en la escala de Kardashov y que al contrario, terminaron con su
existencia.
La inteligencia de la humanidad
es la evidencia principal del éxito de la evolución en nuestro planeta. Pero
esta misma inteligencia puede llevar a que nuestras capacidades puedan ser mal
utilizadas provocando la extinción de la misma. El uso responsable de estas
habilidades está determinada por cada individuo. La inteligencia colectiva
sería la suma de estas habilidades acompañadas de las responsabilidades que
cada individuo sume a la ecuación. Estas responsabilidades no son inherentes
exclusivamente a la especia, sino a todas y cada una de las especies que
conforma el ecosistema global. Son obligaciones que vienen incluidas con el
éxito evolutivo. La Naturaleza ha hecho bien las cosas; no hay razón para que
se tire a la basura todo lo que a través de los años se ha conseguido.
Reflexión
Preguntas. ¿Por qué he elegido
este tema? ¿De dónde partí para comenzar a escribir?
Elegí este tema al leer el
artículo llamado «El lado oscuro del Universo», que me hizo recordar una nota
reciente sobre el aparente descubrimiento de infraestructura extraterrestre en
un sistema distante. En dicho artículo se hacía referencia sobre la Escala de
Kardashov, sobre la clasificación de civilizaciones en el universo, y quise
abordar de manera superficial el tema en esta actividad. En ese mismo artículo,
se mencionaba la opinión del físico teórico estadounidense Michio Kaku, sobre
los recientes descubrimientos de la comunidad a la que pertenece. Esto me llevo
a investigar más sobre su trabajo, y llegué a una entrevista en dónde habla de
la inteligencia artificial y el futuro de la mente humana. Ambos son temas de
mucho interés para mí. Me encontré también con un video que Michio Kaku presentar
en una plataforma llamada Floating
University donde indaga un poco más sobre la naturaleza del universo y la
historia de la física. Esto último fue lo que me ayudó para comenzar mi breve
texto.
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